- Pero venga Rocío, que al final perdemos el avión por tu culpa.
- Que no, que ya casi estoy. Dadme un segundo y bajo, os lo prometo. Además, conduciendo yo, no creo que lleguemos tarde y lo sabéis.
Se cuelga el telefonillo.
- Sí, por desgracia, lo sabemos - y se miran las dos con una extraña mirada asustada
- Ya estoy aquí, vamos que sino no llegamos. Las maletas atrás, ¿quién va conmigo delante? - nadie dice nada - las dos a la vez no, ¿vale?
- Hemos escuchado por ahí que si hay un golpe el copiloto es el que muere primero y queremos llegar a Berlín sanas y salvas.
- Bueno, vale, vosotras os lo perdéis. Vamos rápido.
Y entre risas subimos al coche de camino al aeropuerto, nuestro nuevo destino.
Una vez allí.
- Aparca ahí que hay un sitio... ¡¡pero así no, burra!! ¿No te vale con el viaje que nos has dado que quieres matarnos al aparcar?
- Anda, no seas exagerada, si casi ni os habéis enterado de nada.
- Ya... claro... Eso es lo que tú te crees o lo que te queremos hacer creer.
- Ya, y ahora me diréis que soy yo la que iba cantando y bailando como una loca las canciones que iban sonando, ¿verdad?
- Eres una exagerada, tampoco ha sido para tanto, ¿no?
- Bueno, da igual. Coged las maletas ya y vamos a facturarlas que al final veo que perdemos el vuelo y no precisamente porque hayamos llegado tarde - digo mientras le saco la lengua a mis amigas.
El aeropuerto de Barajas es increíblemente grande, y lo peor es nuestra facilidad para perdernos en el momento más inoportuno de todos. Primero tenemos que ir a pesar y facturar las maletas. Ya les decíamos "adiós" hasta llegar a Berlín y más vale que no nos las pierdan porque sino, con toda la ropa nueva que llevamos, nos da algo. Después hemos tenido que pasar por unos arcos que pitan con todo, absolutamente todo lo metálico, y hasta que descubrimos que Elena llevaba pendientes, Bea una tobillera y yo las llaves del coche en el bolsillo, hemos tardado el suficiente tiempo como para casi perder el avión. Por suerte no nos quedaban más barreras que sortear y sólo es buscar nuestro avión, aunque por poco nos vamos a Roma con lo aceleradas que vamos. Al fin estamos sentadas, rumbo a nuestro destino, al comienzo de una nueva etapa de nuestra vida y que, lo más importante, la comenzamos juntas también.
- ¿Habéis visto la cara de la chica cuando nos ha dicho que el avión iba a Roma?
- Las que tendríamos que haber visto serían las nuestras, que casi nos quedamos en el sitio cuando pensábamos que habíamos perdido el avión por no encontrarlo y encima confundirlo. -contestó Elena.
- También es verdad. Pero bueno, ahora ya estamos aquí y nos vamos por fin a nuestro viaje de ensueño. Las tres juntas, sin pasado ni futuro, sólo el presente al menos mientras estemos en tierras lejanas. - sentenció Bea.
- Prometedme que vamos a pasar el mejor viaje de nuestra vida. - dije.
- ¡¡Prometido!! -gritamos las tres.
El resto de pasajeros pensarían que eramos tres chiquillas enloquecidas por viajar pero en realidad estábamos haciendo mucho más que eso.
Tras esa promesa, decidimos que no podíamos dejar pasar ni un solo minuto de cada acontecimiento especial. Teníamos que inmortalizar cada uno de los momentos a partir de ahí y, ¿qué mejor que comenzar por el trayecto en el avión? Yo fui la primera en sacar la cámara de fotos. Una reflex que hace unas fotos estupendas, muy nítidas y, como dicen mis amigas "te sacan hasta las pecas". Fotos del avión, de las chicas con diferentes caras y diferentes maneras. Tras esa sesión, Bea y Elena no resistieron más y se quedaron dormidas. Yo, por el contrario, me quedé viendo amanecer desde la ventanilla del avión. Ver el sol entre las nubes, esa tenue luz que ilumina la superficie blanca y vaporosa como cuando aparece por el horizonte en el mar, dejaba entre luces y sombras las nubes que sobrevolaban, y eso me llevó a imaginarme caminando descalza sobre esa superficie, rozando el viento con mi piel y dejando el pelo libre y al viento, sintiendo cosquillas en los pies por el tacto suave de las nubes y cómo el sol llegaba de lleno a cada poro de mi piel. Entonces, con ese pensamiento y esa última visión, me rendí a los encantos de Morfeo y soñé con ese paisaje eterno, inmenso y maravilloso.
Las tres chicas despertamos de nuestros sueños tras una voz que anunciaba el aterrizaje y, por tanto, la llegada a nuestro destino. Teníamos que ponernos los cinturones y cuando caímos en la cuenta de lo que ocurría, las tres miramos por la pequeña ventana que daba al exterior del avión. Era Berlín, era la ciudad. Había unos hermosos chalets individuales. No era como España. En España las casa están unas pegadas a las otras. Allí no. Aquello era como ver una película de Hollywood. Estaban todas las casas individualizadas con su jardín rodeando la casa y cada una separada de las de al lado, con una carretera pasando por el centro de la hilera de casas. Fue una primera impresión bastante llamativa.
Somos tres amigas, felices, eufóricas y con ganas de vivir y divertirse mientras conocemos otro país que no es el nuestro. Otras costumbres, otras vistas, otra gente. Todo nuevo. Lo que no imaginamos es que ese viaje va a cambiar mucho nuestras vidas. Somos amigas, "las de siempre" y no vamos a dejar que nada nos cambie pero, nadie sabe los caminos que tiene preparado el destino a cada una de nosotras.
"Berlín es una ciudad estupenda, maravillosa y llena de secretos. Unos secretos que a las tres chicas les aguardan impacientes".
Las tres chicas despertamos de nuestros sueños tras una voz que anunciaba el aterrizaje y, por tanto, la llegada a nuestro destino. Teníamos que ponernos los cinturones y cuando caímos en la cuenta de lo que ocurría, las tres miramos por la pequeña ventana que daba al exterior del avión. Era Berlín, era la ciudad. Había unos hermosos chalets individuales. No era como España. En España las casa están unas pegadas a las otras. Allí no. Aquello era como ver una película de Hollywood. Estaban todas las casas individualizadas con su jardín rodeando la casa y cada una separada de las de al lado, con una carretera pasando por el centro de la hilera de casas. Fue una primera impresión bastante llamativa.
Somos tres amigas, felices, eufóricas y con ganas de vivir y divertirse mientras conocemos otro país que no es el nuestro. Otras costumbres, otras vistas, otra gente. Todo nuevo. Lo que no imaginamos es que ese viaje va a cambiar mucho nuestras vidas. Somos amigas, "las de siempre" y no vamos a dejar que nada nos cambie pero, nadie sabe los caminos que tiene preparado el destino a cada una de nosotras.
"Berlín es una ciudad estupenda, maravillosa y llena de secretos. Unos secretos que a las tres chicas les aguardan impacientes".

No hay comentarios:
Publicar un comentario