sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo 1

    

    Hola, me llamo Rocío, Roc para los amigos. Tengo 23 años y soy de lo más normalita que os podáis imaginar. Pelirroja, con el pelo medianamente largo, los ojos marrones y no soy muy alta pero ahora, me siento orgullosa de ser tan normalita porque soy feliz. Por fin, este año, termino el máster de especialización de Psicología clínica. Junto con mis dos compañeras, Bea y Elena. Ellas llevan conmigo desde el primer día de Universidad, desde ese en el que íbamos con más miedo que vergüenza, sin saber qué hacer o con quién hablar pero nos juntamos las que debíamos hacerlo y por eso seguimos juntas.  Son estupendas, ya lo iréis descubriendo a lo largo de mi historia.

    Me independicé cuando tenía 19 años. Me mudé al centro de Madrid a un piso compartido con dos personas estupendas.

    Por un lado, Jorge, un chico magnífico que siempre me ha apoyado en todo desinteresadamente y que en realidad va a su ritmo siempre. Es un informático guapo de 24 años y que nos ha salvado la vida más de una vez con las averías de los ordenadores y de Internet a nuestra otra compañera y a mi.

    Por otro lado, Andrea, es nuestra fiestera profesional en casa, ya que nos saca absolutamente todos los fines de semana a una discoteca distinta, con gente distinta y música distinta hasta las tantas de la madrugada, pero lo bueno es que salimos los tres y nos acompañamos hasta casa mutuamente. La parte mala es que dormimos hasta la hora de comer o después de ella y nadie hace nada para comer o cenar, pero nos las arreglamos bastante bien después.

    Vivimos en un piso pequeño pero bastante acogedor y cuando no nos apetece salir, que suele ser pocas veces, nuestro pasatiempo favorito es hacer maratón de películas de DVD los tres juntos en el sofá. Cada día buscamos un tema distinto (miedo, risa, amor) pero lo importante es no repetir películas, así nos lo pasamos mejor. Lo bueno de vivir con ellos es que no hay malos ratos, siempre estamos coordinados y a veces parece que hasta nos leemos el pensamiento entre los tres. Sobre todo se agradece que no haya líos amorosos, nos queremos y tratamos como si fuésemos familia aunque no lo seamos, pero vivimos juntos como tal y no hemos sentido más allá de eso. Es preferible que sea así ya que estamos en armonía y sin discusiones de pareja. Además, tres son multitud.

    Ahora que lo pienso, ¿alguna vez habéis visto FRIENDS? Marcó mi adolescencia y la verdad es que ese piso me recuerda bastante al que tenemos nosotros. La cocina está conectada con el salón y tenemos un único baño por el que nos toca hacer turnos por las mañanas, pero la diferencia es que nosotros tenemos tres habitaciones, una para cada uno y una terraza por la que se puede subir al tejado y ver todo Madrid desde lo alto, es una maravilla. Las habitaciones están cada una decorada acorde con su propietario: la de Jorge es más metalizada, con su ordenador, sus robots y sus cachivaches que nunca entenderé para qué sirven; Andrea tiene una decoración bastante más rústica pero con el escritorio repleto de papeles de su trabajo y del curso que está haciendo ahora, que creo que es de inglés; y, por último, la mía, que es bastante más sencilla, una “habitación Ikea”, como la llamo yo, pero también con el escritorio repleto de un montón de apuntes para estudiar y mi amado portátil, mi salvación muchas de las veces.

    Bueno, creo que ya va siendo hora de que os presente a la persona más importante de mi vida desde que tenía 8 años: Sara. Es mi mejor amiga desde que éramos unas renacuajas jugando por la calle cerca de casa. ¿Os imagináis a la típica modelo de revista: semi-rubia, ojos claros, sonrisa deslumbrante y cuerpo de escándalo? Pues así es ella, da miedo ponerse a su lado porque te hace sentir inferior, pero es una persona estupenda. Es “medio” rica y todo el mundo la juzgaba cuando era más pequeña, pero gracias a eso la tengo en mi vida, así que no puedo quejarme. Todo el mundo la trataba de repelente e inaguantable sin siquiera conocerla, únicamente por vivir donde vive, tener el dinero que tiene y ser hija única, pero gracias a los prejuicios del resto de personas, hoy tengo la mejor amiga que pudiese haber imaginado jamás. Ella fue quien me consiguió el piso que tengo hoy y quien me ayudó a salir de mi casa aquel verano, para no volver jamás.

    El día de mi cumpleaños, mis 20 años, el primero que pasé fuera de casa, hizo que fuese un día mágico. Me levantó de la cama de una manera un tanto extraña, con un mensaje aún más extraño.

09:30 am de un sábado en diciembre.

    Suena un mensaje en el móvil: “¡¡Despierta dormilona!! Hoy eres toda mía. Vístete, paso a recogerte en 20 minutos y no aceptaré un no por respuesta. Tienes un día muy largo por delante. Un beso."

-   Y, ¿qué querrá ahora? Bueno, a Sara no hay quien le pare los pies así que más me vale vestirme y arreglarme un poco.

    Abro el armario y cojo unos vaqueros, un jersey, ropa interior y mis botas. Lista para darme una ducha y salir medianamente decente pero para eso primero hay que pasar por el salón.

-   ¡Buenos días preciosa! ¿Cómo se ha levantado hoy nuestra cumpleañera favorita? – se oye decir a Andrea.
-   Eso, que te nos vas haciendo mayor, ven aquí que te tiro de las orejas – dijo Jorge mientras corría detrás para alcanzarme y darme el primer dolor de orejas del día.
-   ¡Ay! ¡Para!... La verdad es que me he despertado con un mensaje muy raro de Sara así que tengo que vestirme, que no sé dónde me quiere llevar pero ha dicho que hoy soy toda suya…
-   Ah, bueno, pues entonces te dejamos, a ver si vas a perderte algo por nuestra culpa – dicen los dos casi completándose las frases el uno al otro.

    Tras este extraño recibimiento matutino, decido meterme en la ducha y dejarme llevar por el agua caliente. Sienta infinitamente bien en esta época del año y ayuda a evadirse del resto del mundo. Notas cómo resbala cada gota de agua por tu piel y cómo la temperatura de tu cuerpo se adecúa y te permite entrar en un estado de relajación que... ¿quién llama a la puerta del baño?

-   ¡¡Ya estoy aquí!! Vamos, que te he mandado el mensaje hace un buen rato y aún sigues ahí dentro.
-   Ya voy, ya voy, eres peor que una madre, eh.
-   Dejarás de decir eso cuando salgas – se oye fuera del baño entre risas.

     No podía ser nadie más: Sara. Debe ser algo grande porque está muy impaciente.
    Cuando salgo, ya vestida, me encuentro a mis dos compañeros y a Sara, sentados en el sofá, de cara a la puerta del baño, como si esperasen que algo nuevo y estupendo saliese de allí, pero debieron llevarse una ligera decepción, sólo había cambiado que me había rizado el pelo porque no me apetecía alisármelo.

    Entonces llegó el momento, Sara hizo como si fuese a darme un abrazo y dos besos, mientras me vendaba los ojos. Odio que me hagan eso. Me sacó a la terraza y me hizo mirar al suelo y allí estaba, en la calle, mi regalo de cumpleaños. Un mini cooper rojo precioso con un lazo blanco rodeándole. Me tendió las llaves y me dijo “feliz cumpleaños, es tuyo, ¿me das una vuelta?” y me puse a gritar y a saltar como si fuese una quinceañera, pero por supuesto que le di el paseo en coche. Me obligó a llevarla a que nos dieran un tratamiento completo de belleza en una boutique del centro y luego a comprar ropa, con la que casi he podido renovar el armario entero, pero lo más especial fue la noche. Me pidió que la acompañase a una cena de trabajo, que nos iríamos de allí pronto pero que tenía que hacer acto de presencia y eso hice. Cual fue mi sorpresa, que al entrar vi una pancarta enorme donde ponía “FELICES 20, ROCÍO” y aparecieron todos mis amigos y compañeros gritándome un “sorpresa” que me dejó petrificada. Sólo podía haber sido ella. Es estupenda, única y, lo mejor, mi amiga.

    Por lo visto, sólo queda presentaros a mi otra muleta fundamental, mi amigo Sergio. Otro igual que Sara. Es de las mejores personas con las que he podido cruzarme en la vida. Él vivía en Galicia y se mudó a Madrid por el simple hecho de poder estar cerca de mí, ¿no es un cielo? Con él puedo desahogarme y llorar todo lo que necesite, que siempre convertirá mis lágrimas en sonrisas. Es una cualidad especial que guarda para mi y me encanta.

    Desde que entré en la Universidad, siempre he tenido el máximo apoyo de ellos dos y sé que siempre lo tendré, pero las personas que han vivido mis mayores problemas universitarios fueron dos que no puedo dejarme atrás: Bea y Elena. Mis amigas y compañeras de Universidad. Nos juntamos el primer día, ¿ese día que andas con más miedo que vergüenza porque no sabes ni qué hacer ni dónde ir ni con quién hablar? Pues precisamente ese. Pero nos juntamos las que teníamos que hacerlo, y aquí seguimos, después de 5 años, por fin, terminando el máster que nos dejará libres de una vez por todas.

    Hemos pensado hacer un viaje de fin de vida universitaria el verano de la graduación e irnos a conocer un país de Europa que no hayamos visto aún. Es un bonito fin de etapa para comenzar otra que, por cierto, comenzaremos también juntas, porque gracias a mi compañera de piso, Andrea, que es recepcionista en un centro de tratamiento de cáncer, hizo llegar nuestros currículums y comenzamos las tres a trabajar allí, justo a la vuelta de nuestro viaje.

    Una vez presentados los esenciales, y yo misma también, creo que va siendo hora de contaros cómo fue mi vida a raíz de la graduación, y por qué hice y deshice mi corazón de hielo al comenzar a trabajar allí.

2 comentarios:

  1. Buenas, acabo de encontrar tu blog por un evento que me han pasado al tuenti. Te voy leyendo! vale? ánimo !!

    ResponderEliminar