lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 9



    Once de la noche. Entrada del hotel.

    Tres chicos alemanes esperaban conversando en la puerta de aquel hotel donde trabajaba su amigo. Él les había prometido que tendrían una buena noche. Ya les había contado que había conocido a una chica, una clienta del hotel, muy guapa y que tenía dos amigas iguales que ella. No se entendían demasiado bien pero tampoco importaba, él ya tenía todo planeado para esa noche y sus amigos le ayudarían en lo que pudiesen, pero primero tendría que sacar a bailar a sus amigas y tomar algo.

   Mientras los tres chicos hablaban y se reían, aparecimos nosotras por la puerta. No habíamos tenido demasiado tiempo para salir de compras pero eso no importaba, ya habíamos tenido suficiente con la locura de los días antes de irnos de viaje.

    La verdad es que íbamos bastante guapas para una cosa tan normal como salir a tomar algo con gente que no conocemos de nada pero nos lo había pedido Bea y por ella haríamos cualquier cosa. Ella iba con un vestido blanco de palabra de honor, ajustado como un corsé hasta la cintura y luego caía  más abultado algo más arriba de la rodilla. Elena en cambio llevaba unos pantalones vaqueros bastante cortos y una camisa azul celeste que le quedaba muy bien con la sombra de ojos a juego. Estaban espectaculares. Yo, por otro lado, decidí estrenar una falda que me encantó al verla, era muy sencillita, llevaba una goma en la cintura, el largo caía hasta mitad del muslo y, eso sí, tenía un color coral precioso, combinada con una camiseta de tirantes blanca metida por dentro de la falda, no quedaba del todo desentonada con mis amigas.

    Al vernos salir, el socorrista le dio un beso a Bea y nos fue presentando a sus amigos. Nosotras estábamos pendientes de nuestra amiga, aunque intentase disimularlo, se moría de la vergüenza. En cambio Elena ya se había puesto a hablar con los otros dos y yo me quedé a su lado.

    Íbamos hacia un pub cerca del hotel, tampoco queríamos que nos pasase lo de la otra noche y quedarnos sin forma de volver al hotel. Al entrar, parecía bastante acogedor, era un pub de espectáculos y esa noche había uno de magia pero aún no había comenzado. Tenía una zona de sillones donde se podía estar tranquilo hablando y otra donde estaba la pista de baile con música que no entendíamos pero que al menos tenía ritmo.

     Nos sentamos todos en uno de los sillones. Pedimos una copa cada uno tras una ronda de chupitos a los que invitó el nuevo chico de nuestra amiga. Empezamos a reírnos, seguimos bebiendo y Bea dejó de existir para nosotras, al poco rato dijeron que se iban a dar un paseo para despejarse y no volvimos a verles.

    Elena se levantó con los otros dos amigos y se fue a la pista de baile, se les caía la baba con cada movimiento de caderas que  hacía y se iban turnando para bailar con ella. Yo sabía que sólo era un juego, que no iba a darles nada más que un baile y se me quitaron todas las dudas cuando apareció otro chico para sacarla a bailar. Los chicos alemanes se quedaron perplejos mirando cómo aquel chico les quitaba a su bailarina. A mi me resultaba familiar. Ese pelo castaño, de lejos no se le veía demasiado bien pero creo que sí, puede ser él. Ha cambiado un poco de forma de vestir desde la última vez que le vimos, que también fue la primera. Sí, ya no cabía la menor duda, era el italiano del aeropuerto. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Paolo.

     En ese momento las luces se atenuaron y empezó a sonar una música más tranquila, ellos empezaron a bailar. Mi amiga parecía bastante más tranquila que la otra vez. ¿Qué le habrá dicho para que esté así? Bueno, supuse que luego me lo contaría todo y entonces caí en la cuenta de que no sabía dónde estaban los otros dos amigos de Herman. Unos minutos me hicieron falta para averiguar que estaban ligando en la barra con dos camareras.

     Estaba sola, en un pub de Berlín, sin conocer a nadie y sin nada que hacer. Alguien anunció que iba a empezar el espectáculo de magia y decidí ir a verlo. Total, no tenía nada que perder y al menos me mantendría entretenida hasta que mis amigas volviesen.

-       Señoras y señores, les presentamos a la maravilla de esta noche. Con su incomparable espectáculo de magia, les presentamos a un mago que es la sensación en Francia, su país natal. Un fuerte aplauso para Benjamín Ledoux.

     Al salir, me di cuenta de que algo iba a cambiar esa noche. Era bastante atractivo y cuando me miró fijamente no pude contener la sonrisa.

    Durante todo el espectáculo estuvo magnífico y al final acabó lanzando la baraja de cartas, con la que había hecho un par de trucos, al aire. Cayeron todas dentro del escenario excepto una. Esa carta traviesa que se escapa en el momento más oportuno y puede cambiar el curso de dos personas sin saberlo. Esa fue la carta que cayó en mis piernas. Una sota de corazones.

   No me parecía bien quedarme con ella, así que decidí pasar por detrás y buscarle para dársela. Había dos hombres de seguridad que no me dejaban pasar ni a sol ni a sombra por aquella puerta.

-       ¿Pero es que no lo entiende? Necesito pasar a darle una carta que se ha perdido en el espectáculo.
-       NO.
-       ¿Es lo único que sabes decir? Sólo será un momento, es para darle esta carta, únicamente.
-       NO.
-       ¿Qué es todo este jaleo? – apareció al abrirse la puerta.
-       Esta chica quiere pasar a darle una carta.
-       Vale, déjala pasar. No hay problema.

    Entonces entré, pero no era mi intención, sólo era una carta de su baraja, no había más misterio, pero por alguna razón estaba más tranquila.

-       A veces son un poco pesados, pero son buena gente. Perdona que no me haya presentado. Soy Benjamín Ledoux, pero puedes llamarme Ben, lo prefiero.
-       Sí, he estado en tu espectáculo de magia y por eso estoy aquí, se te ha caído esta carta en mis piernas y pensé que te haría falta. Perdona que yo no me haya presentado tampoco. Me llamo Rocío, pero mis amigas me llaman Roc.
-       Bonito nombre e interesante abreviación. ¿Estás aquí sólo por esa carta?
-       Sí – contesté bastante avergonzada, a lo mejor tenía otras expectativas.
-       Pues  entonces haremos una cosa, déjame la carta.

      Se la entregué y comenzó a escribir algo en ella. Yo no entendía nada, ¿voy a dársela por si le hace falta para sus espectáculos y se pone a escribir en ella?

-       Toma, para ti, dedicada. Ahora, ¿aceptarías tomarte algo conmigo en la barra? Necesito beber algo.
-       Sí, por supuesto.

     Era bastante simpático, mientras estuvimos allí no paramos de hablar y contarnos cosas sobre nuestra vida, saber algo más de la persona que acabas de conocer nunca está de más. Era muy tarde cuando miré el reloj y Bea seguía sin aparecer. Esta chica últimamente no nos hace otra cosa, y Elena seguía con el italiano bailando pero ahora ya no era tranquila la música y había vuelto a su jugueteo pero sólo con él.

-       Creo que voy a tener que irme, lo siento. Una de mis amigas parece que necesita una buena cama donde dormir y la otra lleva horas sin aparecer.
-       ¿Podré volver a verte? Estaré unos días aún por aquí.
-       Si quieres, ven a buscarme mañana al hotel y salimos por ahí. Está a dos manzanas de aquí, habitación 515.
-       Sí, creo que sé cuál es.
-       Hasta pronto.
-       Bonne nuit.

      En ese momento sentí mucho alejar a Elena de su chico italiano pero debíamos averiguar dónde estaba Bea y la única opción parecía ser la habitación del hotel. Nos dirigimos hacia allí sin pensarlo dos veces mientras nos íbamos contando las respectivas aventuras de la noche. Por lo visto el italiano se había tomado en serio encontrarla y ella tenía que cumplir su palabra.

    Lo que menos esperábamos ninguna es que el día siguiente sería muy distinto a los anteriores. Quizá no era mala idea darle un giro al viaje y verlo desde otra perspectiva. Lo único que nos quedaba claro es que esa noche quedaría en nuestros recuerdos grabada. Un recuerdo que podía ser el más agradable de todos o el más espantoso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario