sábado, 8 de septiembre de 2012

Capítulo 13




             Habitación 515. Hotel de Berlín.

           Cuando entramos en la habitación sólo oímos sollozar a nuestra amiga (o lo que parecía quedar de ella). Parecía un ovillo en medio de su cama, agarrando con fuerza la almohada que secaba sus lágrimas. Siempre ha sido fuerte respecto al tema de derrumbarse delante de nadie. Nunca ha consentido semejante visión como creo que no lo habríamos permitido ninguna, pero esta vez debía ser algo duro para que nos dejara verla así.

           Al oír la puerta, se inclinó levemente para vernos llegar y volvió a recostarse de la misma forma, aunque el llanto había menguado un poco.

          Al verla en ese estado, Elena y yo nos sentamos a su lado apartándole el pelo a un lado y abrazándola hasta que pudo mencionar alguna palabra. Los chicos, mientras tanto, se quedaron sentados en la cama de Elena, que era la más alejada, para no molestar y dejarnos toda la intimidad que podían.

        Una vez conseguimos que levantase la cabeza y dejase de llorar, empezamos a hablar del sitio donde íbamos a cenar y a hacer bromas sobre la comida que nos estábamos comiendo ya, por fin. Aunque Bea no tenía demasiado apetito, no era conveniente que tuviese el estómago vacío, por lo que nos hizo caso y probó un poco.

        Al terminar de cenar, se acercó la inminente pregunta que todos estábamos deseando formular pero no sabíamos de qué manera ni si ella estaría con fuerzas para hablar.

-       Bea, ¿qué ha pasado para que estés así? Si no quieres hablar de ello lo entenderemos – pregunté, con la mayor delicadeza que pude.
-       No, tenéis razón. En parte creo que os lo debo por destrozaros la noche juntos y… bueno… la última de este sitio.
-       No te preocupes. Berlín no se va a escapar pero tú eres más importante. Ellos seguro que también lo piensan, sino no estarían aquí – resolvió Elena lo más rápido que le fue posible.
-       Bueno, es largo de contar, pero creo que ya me encuentro con fuerzas para hablar de ello. Al menos un poco. Veréis, cuando me despedí de vosotras fui a buscarle a la piscina y se mostró muy sorprendido de verme. Me dijo que no le había avisado y cosas así. Todo muy extraño. Entonces me preguntó por vosotras, por si podíamos hablar en la habitación para estar más solos, más íntimos, y subimos. Le pregunté por mis lagunas de la otra noche y me dijo que bebí demasiado y él me acompañó a la cama. Por lo visto, le pedí que se quedase conmigo e hicimos el amor durante horas hasta que me quedé dormida y él se fue, hasta hoy…
-       No me preguntéis por qué pero todo eso me suena a farsa – nos sorprendió Paolo – y eso que yo no le conozco de nada.
-       A mí ahora no sé a qué debe sonarme. Bueno, continúo.
-       Sí, perdona.
-       Al subir, me ha contado todo eso y me ha dicho que podríamos repetir lo de la noche anterior pero que esta vez me quedase constancia de ello. A mi no me ha parecido mala idea, pero al terminar es cuando ha comenzado mi pesadilla. Mientras él iba al baño, yo me he quedado tumbada entre las sábanas, acariciando ese momento como si fuese palpable mientras le decía que mañana es nuestro último día y que le echaré de menos. En ese justo momento, vibró su móvil. Un mensaje recibido parpadeaba en la pantalla. No me gusta ser cotilla pero pensé que podría leérselo desde la cama y, lo abrí. Vi que era de una chica, una tal “Nayara”. Escribía en inglés y por eso pude entender el contenido claramente: “¿Te voy a recoger al hotel en media hora y así volvemos juntos a casa? Te quiero”. Él al verme, se enfadó muchísimo pero terminó por responderme quién era ella. Dijo textualmente: “sí, te he estado utilizando. Es mi mujer y estamos esperando un hijo. Tú sólo has sido una chica de hotel”.
-       ¡Verás cuando le coja! ¡Menudo hijo de p…! – tapé la boca de Elena a tiempo.
-       Continúa antes de que nos den ganas de dejarle sin piernas ni brazos – me apresuré a decir.
-       A partir de ahí nada. En ese momento le eché y os llamé a vosotras. Siento muchísimo haberos estropeado vuestra cita.
-       No te preocupes, si hemos traído la cena aquí. Nos da igual un fondo que otro, lo importante es con quien lo compartas – dijo Ben, mientras me miraba fijamente.

           Después de toda aquella historia, decidimos que, quizá, los chicos podrían quedarse a dormir. Al fin y al cabo esa no era la noche que esperábamos ninguno y es muy posible que a la mañana siguiente les necesitásemos bien cerca a los dos.

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