Cuatro años atrás. Verano.
Estaba
volviendo a casa después de pasar una soleada y quizá demasiado calurosa tarde
de verano en casa de mi mejor amiga Sara y según me acercaba sabía que algo no
iba bien, algo había cambiado y tenía un mal presentimiento.
Cuando entré
en casa, esa corazonada se hizo lo más real posible. Él había vuelto a casa.
Después de tantos meses sin saber nada. Tras aquella noche de otoño en la que
mi madre me lo confesó todo, no volvió a dar señales de vida y en el fondo lo
agradecí porque eso significaba que nos había dejado tranquilas por fin, tanto
a mi madre como a mí, pero allí estaba, arrastrándose como un perro apaleado.
Noté en la
mirada de mi madre que le había perdonado y se sentía culpable. No sabía cómo
decírmelo, pero no necesitaba palabras, sólo que me mirase a los ojos. Entonces
lo hizo y lo supe al instante, nada había cambiado para ella, pero no podía
decir lo mismo de nosotros dos.
Él también me
miró, parecía arrepentido con sus palabras pero algo ocultaban, no decían toda
la verdad y me lo demostraron sus ojos un minuto más tarde.
-
Siento
muchísimo lo que os he hecho pasar y el episodio de aquella noche. No debí levantarte
la mano en ningún momento – comenzó a decir –, ¿podrás perdonarme?
-
Jamás
– respondí, quizá, demasiado tajante – ella podrá creerse tus mentiras y
perdonarte pero para mí ya has perdido todo respeto posible. ¿Qué ha pasado?
¿Te ha dejado tu otra mujer y por eso vuelves?
-
¿¡Quién
te has creído que eres, niñata!? – y entonces salió a relucir lo que me
esperaba, enfureció – me debes y me deberás siempre un mínimo de respeto porque
soy tu padre.
Esas últimas
dos palabras retumbaron en mi como el sonido de un gong demasiado cerca. “Tu
padre”, sí es verdad que lo era pero…
-
¿Un
padre abandona a su familia? ¿Un padre se va a tener otra familia con otra
mujer que no es mi madre, aquí presente? ¿Un padre le da un bofetón a su hija y
después se va durante meses sin dar señales de vida? ¿Un padre hace sufrir como
hemos sufrido mi madre y yo todo este tiempo? Perdona pero creo que no. Un
padre es el que lo da todo por su familia y lucha por los intereses comunes así
que ahora no vengas dándotelas de digno y padre porque a mi no me vale de nada.
Puede que mamá te haya perdonado pero a mi no me pidas que haga lo mismo porque
yo no soy tan débil.
-
Es
verdad que lo hice mal pero tú tampoco estás siendo demasiado fácil.
-
Mi
intención es precisamente esa: no ponértelo fácil. A mi no vas a conseguir
engañarme como a mi madre con, ¿qué ha sido esta vez? ¿Un par de perdones y de
caricias? ¿Una caja de bombones o una planta para la habitación, quizá? Perdóname
pero a mi todo el daño no se me olvida tan fácil ni todas tus mentiras tampoco…
Otra vez no.
No la vi llegar. Volví a sentir sus cinco dedos en mi mejilla ardiendo de dolor
y, antes de volver a decir nada y de que las lágrimas rodasen por mis mejillas,
me subí corriendo hacia mi cuarto y me encerré en él. No quería oírle más. No
podía aguantar más, no estaba dispuesta a ello.
Seguía escuchándole
al otro lado de la puerta. Hice bien en poner ese pestillo para poder estudiar
tranquila sin que abriesen la puerta cada cinco minutos. Entonces, encendí la
cadena de música y la puse a un volumen lo suficientemente alto como para no
escuchar lo que decía. Gritaba más y más. Amenazaba con partir la puerta si no
bajaba la música y abría en ese mismo instante. Estaba loco, no sabía qué hacer
y no se movería de ahí.
Se me ocurrió
una solución. Un mensaje de texto, ¿¡cómo no se me había ocurrido antes!? Tenía
que mandárselo a Sara, ella sabría lo que hacer.
“Sara,
necesito que me ayudes. Mi padre ha vuelto a casa, mi madre le ha perdonado y
yo tengo que irme de aquí ahora. Ha vuelto a pegarme. Contesta por favor.”
Enviado. Ahora sólo me quedaba esperar.
Un nuevo
grito y parece que se estaba calmando. Bajé un poco la música y entonces lo noté.
Un golpe seco, profundo, resquebrajó la madera de la puerta, y mi salvación. Un
mensaje recibido.
“Te iré a
buscar cuando se hayan dormido. Aparcaré con las luces apagadas delante de tu
casa en dirección contraria. Haz las maletas y cuando puedas sales. Aguanta, ya
sabes que estoy aquí para todo.”
Es la mejor,
nunca me ha quedado la menor duda de ello y la hice caso. Abrí la puerta, pedí
disculpas pero eso no sirvió. Mi madre le frenó para que no me hiciera nada más.
Bajaron a hacer la cena y yo mientras hice las maletas en mi cuarto y las fui
bajando por la ventana. Suerte que los matorrales de mi madre las tapaban y que
la altura de mi habitación al suelo no era demasiada.
Pasé por la
cocina. En realidad no tenía apetito pero cogí una pieza de fruta y les dije
que no iba a cenar, que me iba a la cama.
Antes de irse
a dormir, mi madre pasó por delante de mi puerta, llamó y entró.
-
Cariño,
siento mucho lo ocurrido…
-
No
hace falta que te disculpes. Es tu decisión, no la mía.
-
Bueno,
veo que esta no es la mejor noche para hablar nada. Así que, buenas noches mi
vida. Te quiero. – Y me dio un beso, muy cálido, maternal, muy sentido en la
frente.
-
Y
yo a ti mamá.
Cuando se fue,
no pude evitar replantearme si lo que estaba haciendo era lo correcto, pero
empezaron a rozarme las heridas con las sábanas y eso fue respuesta suficiente
y la puerta. Al abrirla vi lo que había hecho, se veían claramente los nudillos
clavados en la madera. Me costaría mucho olvidarme de esa imagen.
Media hora más
tarde, la casa está totalmente en clama y mis padres duermen. Desde allí se
oyen los ronquidos de él y decidí escribir una nota.
“Mamá, siento
mucho hacerte esto pero tú eres quien ha elegido y te has quedado con él. No
somos compatibles y mis heridas de esta noche lo demuestran. No intentes
buscarme, no volveréis a saber nada de mí. Ni tú ni él. Adiós y que sepas que
no es por ti por quien hago esto, es por mi. Nunca olvides que yo también te
quiero muchísimo.”
Dejé la nota
en la cocina, frente a la máquina de café para que sea lo primero que vea y me
fui. Recogí mis maletas de entre los arbustos con la ayuda de Sara y salimos de
allí.
Había tomado
una decisión. No volvería a pasar por aquello nunca más y no volvería a ver a
mis padres. Quizá esa era la parte más dura y con sólo pensar y recordar la
mirada aterrorizada y arrepentida de mi madre, expresé lo que llevaba reprimido
toda la noche. Lloré en el hombro de mi amiga hasta que ya no pude más y sólo habló
una vez más.
-
Si
quieres volver, doy la vuelta. Sino, mañana te busco un piso lejos de aquí y me
encargo de que todo vaya bien.
-
No
voy a volver, eso lo tengo claro. Mañana te ayudo a buscar.
Tras ese
momento me di cuenta que ella era lo único que me quedaba y que no me fallaría
jamás. Era lo más reconfortante del día y seguiría demostrándomelo años más
tarde.

Piensas subir otro capitulo algun dia?porque como sigas asi vas a perder a muchos lectores
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